TdQE VIII: RIBELLES.

Alrededor del cambio de siglo llegó a Novelda, procedente de Castalla, una familia de la que solo conocemos el nombre de los hijos: Bartolomé y Gaspar Ribelles. El menor de ellos, Gaspar (1590), se casaría más tarde, en 1617, con Cathalina Segura de la Murta. Gaspar y Cathalina tendrán cuatro hijos, tres varones y una mujer; el mayor de ellos, Agostín Ribelles (1618), será el primer Ribelles nacido en Novelda, y de su hermano menor, Gaspar Ribelles (1622), descienden todos los apellidos Ribelles que hoy existen Novelda.

No podemos precisar con exactitud la fecha de llegada de los Ribelles a Novelda, pero si dicha familia hubiese llegado a principios de los años 1590, entonces habría sido testigo de un acontecimiento extraordinario, pues en 1595 tenemos documentada la visita de un jerarca eclesiástico a nuestra ciudad: el obispo de Orihuela, don Joseph Esteve. Y lo que el pueblo se lleva de esta primera visita es una reprimenda de tres pares de narices, pues la iglesia, tras cuarenta años de obras, todavía no está terminada, tal y como cuenta la crónica del administrador episcopal, Hieroni Roig:

 

“…la cual troba sens paymentar, lluimentar, altar ni retaule, provehí i manà sa reverència siga intimat i notificat a Damià Cantó fasa tot lo qe desús dit que falta dins un any e terminat o passat aquell se proveirà lo que es trobarà ser de Justícia”. Toma castaña. Y entonces enlazamos con aquel misterio que vimos cuando hablamos de Damià Cantó, pues sabemos que deja Novelda y se va Ibi antes de terminar la iglesia, donde se casa en 1598 y tiene dos hijos. ¿Tuvo este traslado algo que ver con la amonestación del obispado de Orihuela? ¿Incumplió Damià el mandato de adecentar la iglesia en el plazo de un año, tal y como se le notificó? No lo sabemos, pero es fácil concluir que alguna relación debió existir. El caso es que la reprimenda surtió su efecto, y siete años más tarde, en 1602, se inauguraba la flamante nueva iglesia de San Pedro Apostol, que debe su nombre al que era señor de la villa, don Pedro Maça de Lliçana, y que, recordamos, no es la iglesia actual, como vimos al hablar de los Cantó.

 

No sabemos a qué se dedicaron Agostín y Gaspar Ribelles, pero sí sabemos que la actividad predominante en Novelda era el cultivo y comercio de las uvas pasas, con lo que bien pudieron estar relacionados con esta actividad. En efecto, durante los siglos XV y XVI la agricultura, con el desarrollo del comercio, deja de ser una actividad de subsistencia y las explotaciones empiezan a especializarse en productos orientados al mercado. No es difícil, por tanto, imaginar a Gaspar Ribelles dedicado al cultivo o comercio de las pasas, que venderían a un comerciante (¿tal vez los Mira?) quien, a su vez, las distribuirían por los circuitos comerciales de la zona. Y en estos circuitos, muy cerca de Novelda se está desarrollando un núcleo comercial que, impulsado por el dinamismo de su puerto, conocerá un gran crecimiento, hasta el punto de que, en pocas décadas, acabará superando en importancia a Orihuela, la capital de la gobernación: efectivamente, hablamos de Alicante.

 

 

 

Desde que la conquistara Jaume II en 1264, la ciudad del Benacantil ha estado debatiéndose entre etapas de florecimiento y etapas de despoblación. Así sucedió hasta que, a mediados de este siglo XVI, se produjo un hito fundamental para la historia de Alicante: la construcción de sus nuevas murallas. Como recordaréis del capítulo de los Miralles, ante la imposibilidad de batir a la flota turca, Felipe II adoptó una política de fortificación de las costas. Dentro de esta política se incluyó la mejora y ampliación de las defensas de Alicante, las cuales fueron íntegramente financiadas por la Generalitat Valenciana.

 

Hasta ese momento, dichas murallas apenas protegían las faldas del Benacantil. Desde Santa Bárbara, una muralla bajaba hasta el mar, que no tenía muelles, descargándose los galeones con barcazas hasta la playa. Allí había dos torreones que flanqueaban el Portal Nou, la puerta que daba entrada al camino de Valencia, que estaba flanqueado por el Arrabal Roig. Luego, la muralla giraba hacia el oeste, paralela a la playa (que estaba más cerca de la montaña que ahora), siguiendo lo que hoy es Paseíto Ramiro y la calle Jorge Juan, hasta que llegaba a la Puerta Ferrisa, que era la entrada del este. Alrededor de esta puerta había un gran arrabal, el de San Francisco, que llegaba hasta el barranco que hoy es La Rambla. De la Puerta Ferrisa la muralla giraba hacia el norte por lo que hoy son las calles Maldonado y Plaza del Puente, subiendo de nuevo hacia Santa Bárbara por La Ereta. Dentro de las murallas estaba la mezquita aljama (mayor), que hoy es la Basílica de Santa María, mientras que el ayuntamiento actual y la concatedral quedaban fuera (ésta última era otra mezquita, ubicada en lo que se llamaba el Arrabal de Fora).

 

Las obras que se hicieron en tiempos de Felipe II fueron críticas para el desarrollo de la ciudad, pues además de mejorar las instalaciones del castillo y ampliar las murallas, se construyó un muelle que permitió el atraque de los galeones. Así, la mayoría de las dependencias de la fortaleza que admiramos hoy fueron construidas en ese momento: salón Felipe II, cuerpo de la tropa, cuerpo de guardia, patio de armas y el salón de la Reina, por citar las más importantes. En cuanto a las murallas, por el sur se ampliaron hasta la Puerta del Mar, donde empieza el muelle, para seguir luego hasta el barranco que hoy es La Rambla, acogiendo en su interior los arrabales de San Francisco y de Fora, la concatedral y la actual plaza del ayuntamiento, y abriendo una nueva puerta hacia el oeste; el Portal d’Elx. Después, la nueva muralla subía por el barranco hasta la Torre Provincial, para girar hacia el este, donde estaba el Portal de l'Horta o de Sueca, dando entrada al camino de Alcoy, el cual, como todos los caminos de entrada, tenía otro arrabal a su alrededor; el de San Antón. Finalmente, subía hacia Santa Bárbara. Entre la Puerta Nueva al oeste y la Puerta del Mar en el muelle se abrió una puerta menor, un pequeño postigo; un postiguet.

 

 La seguridad que proporcionaron estas nuevas defensas fue lo que permitió que Alicante pasara de algo menos de tres mil habitantes a mediados del siglo XVI a más de seis mil en menos de cuarenta años, y todo ello en torno a un puerto que llegó a supera al de Valencia, y por el que sin duda tuvieron que salir cargamentos de uvas pasas, el producto alrededor del cual debió crearse una relevante industria en Novelda, siendo muy probable que varios de sus habitantes viajaran a Alicante por motivos de negocios.

 

Época de negocios en pleno auge de la hegemonía española, como vimos en el capítulo de los Crespo. Una hegemonía que es cualquier cosa menos fácil de mantener: la revuelta que el Duque de Alba iba a aplastar en Flandes en unos meses, es ya una guerra abierta que dura más de veinte años. Inundar de sangre aquella tierra ha supuesto que hasta los católicos se rebelen contra el rey (de hecho en Holanda, en lugar de llamar al Hombre del Saco se asusta a los niños diciendo que viene  El Duque). Por ello fue relevado; primero por don Juan de Austria (que fallecerá con solo 33 años), y después por don Luis de Requessens, otro héroe de Lepanto que también fallece poco más tarde. Llegó entonces un nuevo gobernador que, además de gran soldado, era un excelente negociador; Alejandro Farnesio. También héroe de Lepanto, es el soldado que consigue detener los ataques de los rebeldes, además de alcanzar un acuerdo con las provincias del sur, mientras que las del norte son declaradas en rebeldía. Porque en 1579 las 17 provincias que constituyen los Países Baxos se dividen en dos bloques; los calvinistas se han concentrado en el norte (Unión de Utrecht), mientras que los católicos lo hacen en el sur (Unión de Arras): de este modo, se acaban de sembrar las semillas de lo que más tarde serán Holanda y Bélgica.

 

Un gran éxito para los rebeldes, en cualquier caso. Un éxito que tiene mucho que agradecer a la Inglaterra de la reina Isabel, que no cesa de ayudar con hombre y pertrechos, a la vez que dirige a sus corsarios Drake y Hawkins al asalto de los galeones y ciudades españolas (Cadiz en 1587, La Coruña en 1589). Y para ello, para frenar esta ayuda, es para lo que Felipe II envía a la Felicísima Armada a invadir Inglaterra, una armada que pasará a la Historia como la Armada Invencible por mor de sus enemigos, que la derrotarán en el Canal de la Mancha con la ayuda de grandes tormentas (1588). Otro éxito para los enemigos de la monarquía católica.

 

Y las guerras civiles de Francia, aquellas que enfrentaban a católicos contra calvinistas (hugonotes) han tenido un final de opereta. Hasta en tres ocasiones el hereje Enrique de Borbón ha sitiado París, pero en otras tantas los tercios de Alejandro Farnesio han salido de Flandes y han liberado la ciudad, rescatando al católico Enrique III. Y todo ello para que al final, vaya Enrique III y se pase al bando del Borbón, ¡proclamándolo además su heredero!. Poco después, el rey francés moría asesinado, y ante el estupor de todos, Enrique de Borbón abjura y del calvinismo y se convierte al catolicismo (“París bien vale una misa”, dicen que dijo, en 1594)). Esa abjuración no se la cree nadie, y mucho menos Felipe II, pero sí lo hace el Papa (pues no está demás tener algún contrapeso al enorme poder que atesora el rey de España), quien le levanta la excomunión y lo consagra como Enrique IV, el primer borbón rey de Francia. La Paz de Vervins (1598) pondría fin a las hostilidades franco-españolas. Otro éxito de los enemigos de España.

 

Esto es la hegemonía; defenderse continuamente del ataque de los enemigos, unos enemigos que, como iremos viendo, no cesarán en su empeño durante los próximos cien años (y más allá). Pero, además, con un problema adicional inédito hasta entonces: el  río de oro de las Indias, el enorme flujo de riqueza que sustenta este esfuerzo, ya no es tan regular como antes. Aunque parezca increíble, Felipe II ha tenido que declarar tres bancarrotas, tres suspensiones de pagos (1557, 1576 y 1596), dada la repetida imposibilidad de pagar a los tercios de Flandes, tercios que se amotinan y,se toman el jornal por su cuenta saqueando ciudades flamencas a su antojo (especialmente brutal fue el saqueo de Amberes (1576), que es de donde nos viene el apelativo La Furia Española) . En cualquier caso, a pesar de estos reveses, y con bancarrotas o sin ellas, la monarquía española sigue ostentando la hegemonía mundial.

 

Al menos de momento, pues un día de septiembre de 1598 llega a Novelda la noticia de que Felipe II ha muerto. El nuevo rey de España es su hijo Felipe III, un rey que se apresta a dirigir al mayor imperio del planeta en uno de sus momentos más delicados. El siglo XVII, el siglo de la decadencia española, está a la vuelta de la esquina. Será muy interesante ver cómo se sucedieron los acontecimientos.

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   ÚLTIMA MODIFICACIÓN

         30 AGOSTO 2020

OTOÑO 1224