DEdA III: política internacional.

Deberíamos estar de acuerdo en que las decisiones de Franco en los primeros años del régimen estuvieron muy condicionadas por los acontecimientos internacionales, especialmente por la II Guerra Mundial, y por los intereses de los países de nuestro entorno. Ello explicaría el cambio que va del apoyo a las potencias del Eje hasta los importantes acuerdos con EEUU.




Los primeros gobiernos del régimen, con claro predominio de militares y falangistas, fueron de clara identificación y apoyo a la Alemania nazi y sus aliados. La persona clave en ellos fue Ramón Serrano Súñer, falangista cuñado de Franco y totalmente germanófilo. Bajo su dirección en los importantes ministerios de Gobernación y Asuntos Exteriores, en 1939 España abandona la Sociedad de Naciones tras la estela de Alemania, firma el pacto Anti-Komintern con Alemania, Italia y Japón, y se compromete a conceder apoyo logístico a Alemania en la guerra por venir.


Tras la aplastante victoria de Alemania sobre Francia (mayo 1940), España cambia su estatus de Neutral al más comprometido de No Beligerante. En estos momentos, Franco está dispuesto a entrar en la guerra a cambio de importante ayuda económica y militar y de concesiones territoriales en el norte de África, pero las exigencias de Hitler y la constatación, por parte de Himmler, de que el depauperado ejército español iba a aportar poco a las fuerzas del eje, no se llega a ningún acuerdo. Es en estas fechas cuando Franco y Hitler se reúnen en Hendaya. Con posterioridad, la propaganda franquista presentaría a Franco como el hombre que evitó la entrada de España en la II Guerra Mundial, pero la documentación alemana e italiana al respecto demuestra que existieron negociaciones para lo contrario.


No obstante, cuando Alemania invadió la URSS en 1941, España envió a la División Azul como apoyo a la Wehrmacht, una división de voluntarios falangistas convocados por la Secretaría General del Movimiento y al mando del general Muñoz Grandes. Unos 45.000 soldados españoles fueron enviados a luchar al frente ruso. La mayoría fueron voluntarios, pero la falta de ellos a finales de 1942 obligó a realizar envíos forzosos. La División Azul sufrió un 56% de bajas (muertos -5.000-, heridos, enfermos y prisioneros -500-).


Fueron estos los años de mayor poder de los falangistas, hasta el punto de presionar fuertemente a Franco para que España entrara en la guerra mundial. Pero el atentado en la basílica de Begoña, donde unos falangistas lanzaron una bomba en un acto carlista con la presencia del mismo general Varela, fue el detonante utilizado para frenar a los falangistas y a Serrano Súñer, que cae en desgracia y es destituido. En la consiguiente remodelación del gobierno aparece la figura de un joven capitán de fragata de gran importancia en esta historia: Luis Carrero Blanco, nombrado subsecretario de Presidencia.


Con el cambio de signo de la II Guerra Mundial, tras las derrotas nazis de 1942-1943, y el espectacular derrumbe del fascismo italiano, con el fusilamiento de Mussolini incluido, vienen los peores años del régimen: queda desamparado en el exterior, con fuerte presión de los aliados que amenazan con intervenir, y es fuertemente contestado en el interior, donde 8 de los 12 tenientes generales llegaron a enviarle una carta a Franco donde le preguntaban si no había llegado el tiempo de restaurar la monarquía, seguido por el Manifiesto de Lausana, de Don Juan de Borbón. Se trata del momento álgido de la familia monárquica. El Régimen cambia su orientación: se retira la División Azul del frente ruso y se suprime el brazo en alto como saludo. Bajo la orientación de Carrero Blanco, el régimen abandona la retórica fascista y centra la defensa en su catolicismo, su anticomunismo y su posición geográfica. Y en “aguantar”.


Conforme se acerca el final de la II Guerra Mundial, el ambiente internacional va cambiando y Churchill actúa como valedor del régimen y suavizador de la presión aliada, con la vista puesta en el escenario post-victoria. A pesar de que España queda fuera de las nuevas Naciones Unidas, a propuesta de México, Churchill consigue que los aliados se comprometan a no intervenir en España (carta tripartita). Internamente, Franco rechaza las presiones monárquicas con manifestaciones de fuerza (300.000 personas en la Plaza de Orienta) y su firme voluntad de permanecer en el poder mientras viva.



En 1948 el clima internacional es ya de obsesión anti-comunista. La presión es ya solo verbal y cada vez menos enfática, al tiempo que comienzan las negociaciones para establecer las relaciones entre España y EEUU. Todavía seguirían varios años de condenas verbales poco efectivas, pero el camino ya estaba abierto para el reconocimiento internacional del régimen de Franco en la década siguiente, lo que fue uno de sus mayores éxitos políticos.

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   ÚLTIMA MODIFICACIÓN

         31 OCTUBRE 2020

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