TdQE II: ABAD.


 

 

Se dice que el Lunes de Pascua de 1288, cuando iba a comenzar la misa de vísperas, un sargento francés de la guarnición de Palermo increpó a una joven casada, a lo que su esposo respondió asestándole dos puñaladas. Los compañeros del sargento acudieron en su defensa y aquello devino en una rebelión que acabó con la guarnición francesa masacrada. Este episodio es conocido como las Vísperas Sicilianas, y supuso que los sicilianos, temerosos de la reacción del rey francés, pidieran ayuda a Pedro III de Aragón, a quién le ofrecieran el trono del Sicilia, al que tenía cierto derecho por estar casado con Constanza de Sicilia. La guerra la ganaría más tarde su hijo Jaume II, lo que supuso la incorporación del reino de Sicilia a la Corona de Aragón (y del apellido Sicilia al nombre de nuestros reyes –más tarde Dos Sicilias). Tras la victoria, varios nobles sicilianos acompañaron a su nuevo rey en su regreso a Valencia, una ciudad que su abuelo Jaume I había conquistado 60 años antes, concretamente un 9 de octubre. El más famoso de aquellos nobles fue Roger de Lauria, almirante siciliano que por sus hazañas al frente de la flota catalano-aragonesa acabó nombrado conde de Cocentaina. Pero también le acompañaban otros nobles menos conocidos, como el señor de Carini, Palmerio degli Abati, a la sazón hermano de Alberto degli Abati, que más tarde sería San Alberto de Trapani, también conocido como San Alberto Abad. Y sí amigos; de Palmerio degla Abati (no de su hermano, lógicamente) descienden todos los vecinos de Novelda que se apellidan Abad.

 

Pues poco más tarde, en 1296, Jaume II retomó la conquista del Reino de Murcia, y en una guerra relámpago conquistó Alicante, Elche, Orihuela y Murcia, y más tarde Cartagena, Alahama y Lorca. Acabada la conquista, Jaume II nombró a nuestro Palmerio degli Abati, ahora ya Palmerio Abat, señor de Xátiva. Y aquí perdemos la pista de los Abad hasta 200 años después, cuando aparece en Alcoy Ausias Abat i Santonja, descendiente de nuestro noble, que en 1525 casa con Beatriz Pertusa, con la que tienen cuatro hijos, de los cuales nos interesan dos: Cosme, nacido en 1535, y Geroni, nacido en 1540. De ellos sabemos que tenían buenas relaciones con la más poderosa industria del momento, el clero, gracias a su famoso antepasado y a su parentesco con Gerónimo Abad i Beltrán, que llegó a ser obispo de Calahorra y canónigo de Olivares. Pero aquí, en nuestra tierra, hablar del clero es hablar de Orihuela.

 

Orihuela es por entonces la segunda ciudad del Reino de Valencia, solo superada por la ciudad del Turia (60.000 allmas) y diez veces mayor que Novelda. Sus 10.000 habitantes viven dentro de unas murallas que ya han sufrido varias ampliaciones para albergar a su creciente población. Presidida por la ya entonces antigua Iglesia de San Salvador y su alta torre, también destacan las imponentes iglesias de las Santas Justa y Rufina y la de Santiago, espectaculares ejemplos de la nueva arquitectura que más tarde conoceremos como renacentista.  Y de Orihuela es natural Fernando de Loaces, un joven prometedor que en 1520 regresa del extranjero, donde ha estudiado en Universidades tan importantes como París, Bolonia o Pavía (vamos, el MIT y el Harvard de entonces), y que comienza una meteórica carrera que le llevará a ostentar los cargos de Arzobispo de Valencia y Patriarca de Antioquía, así como a gozar de los favores de Carlos I y de Felipe II. Así, bajo el reinado del primero, en 1535 es impulsor de la creación de 120 nuevas parroquias por todo el reino de Valencia, y entre ellas se encuentra la de Novelda, siendo muy probable que ello supusiera la conversión de la mezquita árabe en la Iglesia Parroquial de Santa María (donde está hoy la ermita de San Felip), y el comienzo del traslado de los cristianos viejos desde el cerro de La Mola al llano. Y también gozó de prestigio ante el propio Papa, pues sabemos que estuvo en uno de los momentos críticos de la Historia de la Humanidad, el concilio de Trento, donde la iglesia romana respondió a las propuestas reformadoras de Lutero y Calvino con una alto y claro “ni de coña”, iniciando su contraataque con la Contrarreforma, que se traduciría en guerra a los herejes y más catolicismo por todo el orbe.

 

Y este es el momento perfecto para que el arzobispo Loaces, que no se olvida de su pueblo, consiguiera en 1564 una vieja reivindicación oriolana que hasta ahora no había tenido éxito: la creación del Obispado de Orihuela, segregándolo de la Diócesis de Cartagena. Ello supuso la conversión de la iglesia de San Salvador en catedral y la entrada de mucho dinero en rentas y diezmos, lo que se tradujo en las mejoras y ampliaciones tanto de San Salvador como de las otras iglesias, además de la ampliación del colegio de Santo Domingo, patrocinado por el mismo Loaces unos años antes, y para el cual acabaría consiguiendo el título de  Universidad (y más tarde Universidad Pontificia), convirtiendo a Orihuela en la cuarta sede universitaria del cuadrante sureste peninsular, junto con Valencia (fundada por Fernando el Católico en 1502), Alcalá de Henares (Cardenal Cisneros, 1512) y Granada (Carlos I, 1531). Por lo tanto, cuando Cosme Abad llegó a la ciudad debió quedarse boquiabierto, pues Orihuela se encontraba plenamente inmersa en su edad de oro.

 

Porque casi con toda seguridad Cosme (y quizá Geroni) tuvo que desplazarse a la ciudad del Segura, pues el señor de Novelda, Pere Maça de Liçana, era a la sazón Gobernador de Orihuela, y como vivía la mayor parte de este tiempo en esta villa, nombró como gobernador de Novelda a Cosme Abad i Pertusa, y a Novelda llegan, poco antes de 1560, los hermanos Abad. También sabemos que Cosme Abad era familiar de la Santa Inquisición (más o menos como un funcionario), una institución que pronto tendrá una plantilla de 8 empleados en nuestro pueblo, todo lo cual nos da una idea del poder que pudo albergar esta familia. No nos consta que el gobernador Cosme Abad tuviera descendencia, pero su hermano Geroni se casa en 1560 con Ginesa Gosálvez  en Santa María de Novelda, la antigua mezquita árabe reconvertida en iglesia, y en 1565 nacerá su primer hijo, Andrés Abad i Gosálvez, el primer Abad nacido en el pueblo y que más tardé llegará a presbítero y vicario de la parroquia de Novelda. Pero de donde realmente descienden todos los apellidos Abad de Novelda es de su segundo matrimonio, pues enviuda y casa en segundas nupcias con Ysabel García (1573), con la que tiene tres hijos; Melchor (1580), Damià (1585) i Phelip (1587). Con ellos, el apellido Abad se asienta en Novelda.

 

Estamos, por lo tanto, ante una de las familias más poderosas de aquel tiempo y lugar. Ambos hermanos están al frente de una villa de 2.300 habitantes en la que solo hay 290 cristianos. Todos los demás son moriscos que, aunque están bautizados cristianos, siguen viviendo según sus ritos y costumbres árabes. Ahora, los hermanos Abad serán parte activa del vendaval que viene de Trento y que, recorriendo toda la Cristiandad, alcanza Novelda en forma de esfuerzo cristianizador, un esfuerzo exigido directamente desde el nuevo obispado y cuya primera orden se aprestan a cumplir, una orden que cambiará la fisonomía de la ciudad: la construcción de una nueva iglesia dedicada a San Pedro.

 

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