TdQE III: CANTÓ.

 

Aunque oficialmente la Reconquista termina en 1492 con la toma de Granada, la realidad es que, trescientos años antes, tras la derrota de los almohades en las Navas de Tolosa (1212), los reinos cristianos ya no encuentran oposición alguna en la península, cuya reconquista, a excepción del reino Nazarí, finalizarán en los siguientes treinta años: Alfonso I de Portugal tomará Faro en 1249, Fernando III de Castilla vencerá a los benimerines en El Salado (Cádiz) en 1240  y Jaume I de Aragón se detendrá en la línea Sax-Xixona-Bussot, cumpliendo lo firmado en el Tratado de Almizra de 1244. Esta frontera, sin embargo, está lejos de ser un lugar estable y seguro, por lo que  el Conquistador decide construir fortificaciones en las montañas de Alicante, castillos que, en muchos casos, darán lugar a núcleos urbanos que serán poblados por cristianos provenientes del norte. De ellos, el más importante será el de Alcoy (1252), pero el que a nosotros nos interesa es el de Penáguila, construido alrededor de 1260.

 

 

Porque trescientos años después, cuando está acabando la guerra de Granada precisamente, nacía en Penáguila Llorenç Cantó, El Vell. De él sabemos que desempeñó el oficio de fabriquero, es decir, el encargado de la custodia e inversión de los fondos de la iglesia, una iglesia, la de Penáguila, que por entonces ya tiene doscientos años, y en la que en 1535 Llorenç se casa con Violant Morant. De ese matrimonio nació el primer Cantó que llegará a Novelda y del cual descienden todos los apellidos Cantó que hay en nuestro pueblo: Damià Cantó i Morant (1540).

 

Y aquí los registros nos dan información adicional pues, al parecer, lo que trae a Damià a Novelda es el amor (o, más prosaicamente, el fortalecimiento de los vínculos clientelares). Y es que en 1568, Damià Cantó aparece en Novelda casándose con Lleonor Abat i Herrero, con la que más tarde tendrá un hijo, Llorenç Cantó i Abad (1570), el primer Abad nacido en Novelda. Dado que Lleonor no está registrada como hija de ninguno de los hermanos Abad que vinieron a Novelda en la década anterior, hemos de concluir que su casamiento fue acordado en su ciudad de origen, Alcoy, de la que Penáguila dista diez kilómetros. No sabemos nada más de Damià, pero si juntamos 1) que era descendiente de un fabriquero, 2) que los oficios solían pasar de padres a hijos, 3) que el gobernador de Novelda por esas fechas, Cosme Abad, era familiar de su esposa, y 4) que en ese momento se está construyendo la iglesia de San Pedro, si juntamos todo esto, digo, podemos concluir que es probable que Damià Cantó entendiera en los negocios de financiación, construcción y pagos de la nueva iglesia, y que, por lo tanto, tratara con su diseñador, el arquitecto Joseph Bernabéu.

 

La iglesia que se construye está ubicada al lado de Santa María, que era la antigua mezquita reconvertida en iglesia (hoy Ermita de San Felip). Tendría su entrada en el mismo sitio que la iglesia actual, pero era bastante más baja y más pequeña, con 15 metros de fachada y 25 metros de longitud. Aproximadamente llegaría hasta lo que hoy es el crucero y sería de una sola nave abovedada. Por ello, nuestra iglesia no tiene naves laterales al principio y sí las tiene después,  pasado el crucero, pues se construyeron con la ampliación efectuada doscientos años más tarde. La bóveda era sostenida por contrafuertes, entre los cuales se ubicaban ocho capillas. Estas capillas estaban patrocinadas por particulares, cuya lista nos informa de los apellidos socialmente relevantes del momento, que son los Mira, Llobregat, Sabater o Rico.

 

La iglesia también tendría un campanario, ubicado donde está el actual. No tenemos imágenes de la iglesia antigua, pero de su campanario, sorprendentemente, tenemos fotografías, pues no fue derribado hasta 1909, cuando se construyó la esbelta torre que hoy admiramos. La construcción de la iglesia tenía un presupuesto anual de 125 libras aragonesas, que debían ser aportadas por los vecinos de la villa. Este importe pronto se mostró insuficiente, por lo que hubo que recaudar por el patrocinio de las capillas, a 52 libras por capilla. Podemos imaginar a nuestro Damià Cantó supervisando las obras, disponiendo de los fondos y pagando a canteros, carpinteros, herreros, etc.

 

No sabemos por qué, pero Damià Cantó no permaneció en Novelda hasta el final de la construcción, pues en 1598, cuatro años antes de la inauguración del templo, Damià aparece en Ibi casándose en segundas nupcias con Isabel Cortés i Company, con la que allí tiene dos hijos. Pero poco después regresa a Novelda, donde bautiza seis hijos más, la primera una hija nacida en noviembre de 1603, un año después de la inauguración de la iglesia, arrojando más misterio sobre el asunto.  Finalmente, por la línea de sus hijos Cosme (1605) y Pedro (1611) arraigó el apellido Cantó en Novelda. Hacemos notar que uno de esos hijos lleva el mismo nombre que el familiar de su primera esposa, el que fue gobernador de la villa Cosme Abad i Pertusa, lo que descartaría una rotura de las relaciones.

 

Y es que en aquella época, bajo el impulso de la Contrarreforma de Trento, nuestra península es un hervidero de poleas, andamios y martillazos, pues cualquier motivo es bueno para iniciar la construcción de una iglesia o ampliar las ya existentes. Un ejemplo; en 1557, cuando las obras de San Pedro estaban recién iniciadas, España ponía final a sesenta años de guerras en Italia, un conflicto que hunde sus raíces en las Vísperas Sicilianas del siglo XIII (de las que hablamos en el capítulo de los Abad) y que a mediados de este siglo XVI todavía se manifiesta en las intermitentes guerras italianas, con el último ataque comenzado en 1551 por Enrique II de Anjou. Este ataque fue detenido por los tercios italianos del III Duque de Alba, pero la victoria definitiva tuvo lugar en el norte de Francia, donde Felipe II ordenó abrir otro frente desde los Países Bajos. Los tercios de Flandes, con el Duque de Saboya al mando, atacaron en dirección a París, y cuando los franceses salieron a su encuentro fueron destrozados por esa invencible máquina de guerra que eran los tercios viejos. Sucedió en agosto de 1557, en San Quintín. Los franceses y sus aliados aceptaron la superioridad militar de España y firmaron la paz de Cateau-Cambrésis (1558). Era el reconocimiento formal y definitivo de la hegemonía española en Europa, y por ende en todo el mundo. Para celebrarlo, Felipe II decidió construir una nueva morada en la sierra de Madrid, la recién estrenada capital. En 1563 comenzaban las obras del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Es difícil imaginar una construcción más adecuada para simbolizar ese momento de la historia de España.

 

Felipe II tardó 21 años en construir El Escorial (33.327 m2), y nosotros más de 50 en acabar la iglesia de San Pedro (370 m2). Pero no saquemos conclusiones precipitadas al respecto, pues todo tiene una explicación, y pronto hablaremos de ella.

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           6 JULIO 2020

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