ITdQE? XV: NAVARRO.

En 1562, una religosa de salud muy frágil consiguió una bula de Pío IV para fundar el convento de San José en Ávila, el primer convento de la orden de las carmelitas descalzas. Trece años después, en 1575, Teresa de Ahumada conseguía fundar el décimo convento de la orden en Beas del Segura (Jaén), lo que demuestra la capacidad de trabajo, organización y voluntad de la que sería conocida como Santa Teresa de Jesús. Teresa de Ahumada todavía fundaría siete conventos más hasta el día de su muerte siete años más tarde, a un ritmo de un convento por año. Aquel año de 1575, estando en Beas del Segura, supo que había sido denunciada ante la Inquisición por su Libro de la Vida, libro que acabaría siendo prohibido por el Santo Oficio.


Por esas fechas, a cincuenta kilómetros de la desembocadura de ese mismo río Segura, se instalaba en Novelda el nuevo vecino Gaspar Navarro i Sanz, que por entonces contaba con poco más de veinte años. Gaspar no es el primer Navarro que llega a Novelda, pero sí el primero cuyo linaje consigue perdurar hasta nuestros días. Gaspar Navarro se casaría con Violante Picó en 1580 en la iglesia de Santa María (lo que hoy es San Felip), y ambos tendrían dos hijos y una hija; Pasqual (1587), Miguel (1591) y Margarita (1593) Navarro i Picó. Pasqual tendrá siete hijos, de los que uno, Jussepe (1618), se casará con en 1643 con Águeda Pérez i Crespo, nieta del herrero Gaspar Pérez, aquél que vino de Moixent en 1585 y que en 1610 casaba a su hijo con una Crespo, la familia que explotaba el abrevadero de la villa y a la que por ello suponemos con cierta relevancia social.


Ya hemos dicho que estos Navarro no fueron los primero de ese apellido que llegaron a Novelda. Por supuesto, tampoco fueron los últimos, pues el apellido Navarro estaba muy extendido por el Reino de Valencia, lo que propició numerosas llegadas posteriores y lo que, a su vez, explica que el apellido Navarro sea el apellido más numeroso de Novelda. No obstante ello, la mayoría de los Navarro de hoy en día, algo más de la mitad, descienden de dos líneas; la que acabamos de ver, que comenzó con Gaspar, y otra que llegó poco después, tras la expulsión de los moriscos, y que veremos más tarde en este mismo capítulo.


Teresa de Ávila es uno de los máximos exponentes del misticismo español, la corriente religiosa que desarrolla el individualismo en el campo católico y que acabará siendo, no sin resistencia, la respuesta al luteranismo en el espinoso terreno de la comunicación directa de Dios con el individuo. De hecho, ambas nacen casi al mismo tiempo y tienen como raíz común la idea renacentista de que el hombre es el centro y la medida de todas las cosas. A partir de ahí, el luteranismo emancipará al hombre de la mediación de la iglesia para comunicarse con Dios, mientras que el misticismo se centrará en la oración y la meditación interna para llegar hasta Él, haciendo renuncia total de los bienes y placeres externos. Pero por aquél entonces todas estas cosas son demasiado nuevas para la iglesia católica; interiorización, visiones, éxtasis, diálogos con Dios, pobreza extrema, etc. son conceptos todos ellos sospechosos de “iluminados”, que era como la iglesia calificaba a los que se desviaban del tradicional camino hacia Dios a través su seno. Es por ello que la inquisición prohíbe el libro de Teresa de Ávila. De hecho, la reforma de la regla carmelita que lleva a cabo Teresa de Ávila es precisamente contra la relajación que, desde finales del siglo XV, se venía observando en la Orden de los Monjes del Carmelo, cuya estilo de vida se acercaba demasiado a la abundancia y al lujo, algo muy común en la iglesia de aquellos tiempos y que será frecuentemente usado por los protestantes en sus disputas con los católicos.


Otro tanto le ocurrió a un joven vasco que, tras ser gravemente herido en la defensa de Pamplona contra los franceses (1521), recibe el golpe de gracia que le llevaría a la búsqueda de Dios por los caminos de renuncia material y oración interior. Es Ignacio de Loyola, cuya experiencia es sustancialmente distinta a la de Teresa de Ávila, pues éste viaja por todo Europa, peregrina a Tierra Santa, estudia en numerosas universidades, como Barcelona, Salamanca, Alcalá de Henares o París, y a pesar de lo cual seguirá predicando en la calle. Ignacio de Loyola publicará sus Ejercicio Espirituales, y fundará la Compañía de Jesús en 1534, orden religiosa cuyos miembros son conocidos como jesuitas. Su misticismo y sus publicaciones también le harán sospechoso de ser un iluminado, pero su defensa a ultranza del papado acabará convirtiendo a los jesuitas en unos poderosos aliados de la curia romana. Hasta tal punto es su devoción al Papa sobre todas las cosas que en el fututo serán expulsados o prohibidos en numerosos países, cuando se producían enfrentamientos con Roma, como ocurrió en la misma España un par de veces; en el siglo XVIII y durante la Segunda República.


La lista de personajes religiosos que adoptan este estilo de vida austero y de profunda meditación es extensa y de variada procedencia social. Por ejemplo, en los primero tiempos de la Compañía de Jesús tenemos a Francisco Javier, que acabará martirizado en Cantón (China) después de haber fundado no menos de diez misiones. O a al mismo duque de Gandía, Francisco de Borja (familiar y antítesis del papa Borja, Alejando VI), que después de la muerte de su esposa entrará en los jesuitas (1545) y, siguiendo el consejo de Ignacio de Loyola, rechazará varias veces el capelo cardenalicio, convirtiéndose en el tercer general de la Compañía. Otro noble que hará votos de nobleza extrema será Pedro de Alcántara, donde la orden que lleva su nombre es una de las más estrictas en lo que se refiere al voto de pobreza.


Nuevas formas de entender la religión se trasladarán también a las universidades, unas instituciones que todavía imparten los estudios escolásticos y una de cuyas principales carreras es la teología. En este contexto, las universidades española se convertirán en las más punteras en cuanto a innovación teológica y enseñanza de la doctrina se refiere, siendo los textos que de ellas emanaban muy estudiados y reputados en el resto de la cristiandad. Hasta treinta nuevas facultades de teología se crearán en España en el siglo XVI. Recordemos del capítulo de los Abad que en este siglo se fundan las universidades de Valencia (por Fernando El Católico, 1502), Alcalá de Henares (cardenal Cisneros, 1512), Granada (Carlos I, 1531) y Santo Domingo en Orihuela (1546). El empuje cultural que sale de España por entonces es tan significativo que la presencia de teólogos españoles será muy importante en el concilio de Trento (1555), el que debatirá y rechazará las ideas provenientes del luteranismo y establecerá las bases de la Contrarreforma.


En este ambiente religioso, tras la expulsión de los moriscos llegará otro Navarro a Novelda, pues en 1612 tenemos a Francésc Navarro casándose con Juana Serrano en la iglesia de San Pedro, ya definitivamente terminada. Francesc y Juana tendrán cinco hijos, de los cuales dos, Christófol (1620) y Pere Navarro i Serrano (1627) se casarán y tendrán hijos en Novelda. Ambos serán muy prolíficos; Christófol se casará en Ysabel Chacón en 1648 y tendrán 9 hijos, mientras que Pere lo hará en 1651 con Ana Mira i Amorós, con quien también tendrá 9 hijos. Y esta Ana Mira es nieta de Pere Mira, una de los dos Mira (posiblemente primos) que llegaron de Castalla sobre 1570 y que patrocinaron sendas capillas de la iglesia en construcción de San Pedro, las de Sant Vicent y Sant Josep, lo que da un indicio del nivel económico de los Mira. Por ejemplo, uno de los tíos de Ana Mira será familiar del Santo Oficio en Monforte, mientras que dos de sus hermanastros serán religiosos, uno franciscano y otro de la orden de Montesa, o la que, definitivamente, es la mejor prueba de la posición de esta estirpe: el tercer hijo de este matrimonio, Jussepe Navarro i Mira (1657), será gobernador de Novelda en 1710. De esta estirpe llegada con Francesc descienden aproximadamente una tercera parte de los Navarro que hoy habitan en Novelda.


Todos los religiosos que hemos visto anteriormente, aquellos hombres que con su religiosidad introspectiva, su ascetismo y sus visiones tanto preocuparon a la iglesia católica en el siglo XVI, acabaron siendo santificados en el siglo siguiente. Y es que en el XVII se da una verdadera explosión de santos; efectivamente, mientras que en los doscientos años anteriores (siglos XV y XVI) la iglesia no había realizado ninguna canonización y solo dos beatificaciones, solo en el siglo XVII realizará más de cincuenta canonizaciones. Desde entonces, el pueblo canalizará su religiosidad a través de los santos de la iglesia, de los que San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Franisco Javier, San Francisco de Borja o San Pedro de Alcántara son solo algunos de estos de ellos, pero hubo muchos más y, alguno de ellos, muy cercano a Novelda.


Como un pastor natural de Torrehermosa (Zaragoza) que dejó su tierra y emigró al Reino de Valencia, instalándose en la vecina localidad de Monforte . Viviendo aquí tuvo una visión de Cristo en la Eucaristía, precisamente uno de los dogmas que los protestantes niegan a los católicos (la presencia de Dios en la Hostia). Pascual Baylón Yubera ingresó entonces en el convento franciscano de Orito, que se empezó a construir en 1532 y que en 1551 era gestionado por la rama de San Pedro de Alcántara, la más estricta de todas las franciscanas. Su visión le valió ser beatificado tan pronto como en 1618, y en 1690 fue definitivamente canonizado como San Pascual Bailón. Todavía hoy somos testigos tanto del convento como de la devoción que San Pascual tiene en nuestra tierra.


Por su lado, el colegio de Santa María Magdalena de Novelda pertenece a la congregación de las Carmelitas Misioneras Teresianas, una congregación fundada por el carmelita descalzo Francisco Palau y Quer en 1861, con el objeto de atender a la educación femenina y asistir a los enfermos. El colegio se estableció en Novelda en 1907.



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   ÚLTIMA MODIFICACIÓN

         31 OCTUBRE 2020

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