I tu de qui eres? XXI: AMORÓS

Como ya sabemos, la primitiva iglesia de San Pedro se terminó de construir en 1602, mientras que el campanario se finalizaría en 1607. Un poco antes de que se terminara la iglesia, en los últimos años del siglo XVI, llegó a Novelda el matrimonio compuesto por Juan Amorós y Casilda Herrero, al que acompañaba su hijo Miguel Amorós i Herrero. En la década siguiente Juan y Casilda tendrán cinco hijos más, pero solo el primogénito Miguel se casará y tendrá descendencia en Novelda. De él, de Miguel Amorós i Herrero, descienden todos los apellidos Amorós que hay en Novelda.


No sabemos el lugar de procedencia de esta familia Amorós, pero el matrimonio de Miguel puede arrojar alguna pista al respecto. Y es que Miguel Amorós se casa en 1615 con Mariana Mira i Juan, que es hija de Juan Mira, uno de los Mira que patrocinan la capilla de Sant Vicent de la iglesia, con lo que se trata de una familia acomodada. Estos Mira, además, solían desplazarse frecuentemente, con diversos cambios de residencia entre lugares como Castalla, Monforte o la Huerta de Alicante, siendo este último el lugar de procedencia más probable de los Amorós.


Una vez finalizada la construcción de la iglesia, el consell de la ciudad acordó la construcción de un retablo para el altar mayor. Para ello se contrataron los servicios del ensamblador Antonio de Torreblanca, un escultor natural de Villena que alcanzó cierto prestigio y del que se conservan dos tratados sobre la construcción de retablos; uno en la Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) y otro en la Biblioteca Nacional Argentina (Buenos Aires). Sin embargo no se ha conservado nada de este primer retablo de la iglesia, que sería sustituido a finales del siglo XVII. Lo que sabemos del primitivo retablo se debe a que la Casa Museo Modernista conserva las capitulaciones firmadas entre el Consell y el escultor.


Sabemos que el retablo debía medir 42 palmos de alto y 22 de ancho, mientras que el sagrario tendría 12 por 5. También se establecía el coste de la obra en 475 libras aragonesas, además de contener otras indicaciones sobre su construcción: “la fusta haja de ser de fusta de pi blanch, de la serra de Salines o de la serra del Alcarche, conforme ha fet el retaule de Sant Francesc de Iecla”. Además, se realizaron cambios en el primer orden del retablo y se acordó que la pintura del último orden, con Cristo, San Juan y la Virgen María, no era obligación del maestro escultor.


Y aquí es donde lamentamos haber perdido ese primer retablo, porque el momento en que se construye coincide con un cambio de paradigma de primer orden tanto en la historia de las artes como en la forma de entender el mundo: se trata del momento en que llega el Barroco. Estamos a las puertas del Siglo de Oro de la pintura española.


Recapitulando brevemente, recordaremos que con el Renacimiento, siglo y medio atrás, llegó la idealización de la antigüedad clásica y la recuperación de las proporciones y perspectivas geométricas. De él nace una pintura plagada de modelos perfectos que representan al hombre en su plenitud ideal, física, intelectual y religiosa. Un brillantísimo ejemplo de esta pintura renacentista es La Creación de Adán, de Miguel Ángel (1511, Capilla Sixtina). Posteriormente, el Renacimiento se difundiría por Europa y acabará diluyéndose y fundiéndose con aspectos propios de cada lugar, una evolución que conocemos como Manierismo y que se caracterizaba por la aplicación de trazos y colores más significativos. Este nuevo estilo tendrá su gran maestro en Tiziano (Carlos V a Caballo en Mühlberg, 1547), de quién aprendería Doménikos Theotokópoulos, un cretense que a los 26 años abandona su isla natal y, tras pasar por Venecia, acabará asentándose en España y convirtiéndose en el gran genio de este período: El Greco pintaría El Entierro del Conde de Orgaz entre 1586 y 1588.


Pero el siglo XVI es el siglo de la ruptura de la Cristiandad, de la pérdida de la unidad religiosa y de profundos cambios políticos, lo que provocará la reforma de la iglesia católica (Concilio de Trento, 1555). Esta reforma modificará las herramientas comunicativas de la iglesia, que demandará ahora imágenes que impacten en los fieles y transmitan mensajes claros y sencillos de la supremacía de la fe católica.


La iglesia encontrará esta iconografía en el nuevo estilo de un pintor italiano que ha llevado el manierismo a su extremo. Michelangelo Merisi ha sustituido la perfección de las figuras renacentistas y la luminosidad de los cuadros por un fuerte realismo y unos contrastes luminosos de aspecto tenebrista, consiguiendo un efecto espectacular. Su genialidad dará lugar a un nuevo estilo que marcará la pintura y la cultura del próximo siglo y medio y que nosotros conocemos como Barroco. Merisi pasará a la historia por el nombre de la ciudad donde nació; Caravaggio. Su obra Los Discípulos de Emaús (1602) podría marcar el nacimiento de este estilo.


Este estilo llegará pronto a España, la valedora política de la reforma católica, donde encajará perfectamente en una sociedad más proclive al realismo que al idealismo y dónde se centrará en transmitir los mensajes de la Contrarreforma, es decir aquellos aspectos de la religión católica que eran rechazados por los protestantes, básicamente los santos, la Virgen y la Eucaristía. En este primer momento destacará un pintor catalán que estuvo trabajando en El Escorial pero que,al no conseguir evos encargos del rey, se trasladó a Valencia, donde se convertiría en el primer pintor de la ciudad. Francisco Ribalta pintará su Última Cena a principios de siglo, para el retablo del Colegio del Patriarca de la ciudad del Turia.


Poco después, un joven natural de Xátiva abandonaba España con rumbo a Italia, dónde realizaría toda su obra. Se trata de José de Ribera, conocido como El Spagnoletto, quién debió llegar a Nápoles poco antes de 1610. Hacia 1616 pintaría el San Andrés que recoge las características del primer barroco, un estilo que evolucionará aumentando la luminosidad en detrimento del tenebrismo, como se puede ver en sus cuadros El Martirio de San Felipe (1639) y La Magdalena Penitente (arriba, 1641), ambas pertenecientes a su período de madurez.


Volviendo a la historia de los nuevos vecinos de Novelda, es por estos años cuando los Amorós emparentan con los Mira, pues Miguel Amorós se casa con Marianna Mira en 1615 en la Iglesia de San Pedro, que debía tener el retablo en construcción. Dos años después, en 1617, nacerá el primer hijo de esta matrimonio, Juan Amorós i Mira, el primer Amorós nacido en Novelda. Sin duda, 1617 sería un año muy importante para los Amorós, pero también para la pintura española, pues esos día un joven de 18 años destinado a revolucionar la pintura universal aprobará el acceso al gremio de pintores de Sevilla, mientras que a final de año nacerá, también en Sevilla, otro genio cuyas obras, algunas décadas más tarde, caracterizarán el momento culminante del Barroco: son Diego de Velázquez y Bartolomé Esteban Murillo, respectivamente.


Sevilla es en esos años la ciudad más importante de España y, posiblemente, también del mundo, pues tiene el monopolio de todo el comercio con América con la Monarquía Hispánica ostentando la hegemonía mundial, sin que de momento nada haga presagiar el catastrófico declive que sufrirá en el siglo que acaba de empezar.


Previamente había llegado a Sevilla un pintor extremeño que será al más fiel seguidor de Caravaggio, hasta el punto de que, a diferencia del resto, no abandonará el tenebrismo y realizará una importante producción para iglesias y monasterios. Se trata de Francisco de Zurbarán, quien se especializó en obras para monasterios y conventos y que a mediados de los años veinte ya era un pintor reconocido, momento en el que pinta su representativo Cristo de La Cruz (1627). Como hemos dicho, Zurbarán no abandonará el tenebrismo, y todavía en 1658, seis años antes de su muerte, pintaba el San Francisco Arrodillado.


En esa Sevilla cosmopolita se concentra la fértil escuela andaluza, que ya en el siglo XVI contaba con importantes talleres de pintura, como el del maestro Francisco Pacheco. Pacheco contratará como aprendiz a Velázquez con solo 12 años. Velázquez, quien se casaría con la hija de Pacheco, pronto dio muestras de su gran talento, y cuando el también sevillano conde-duque de Olivares llega al Madrid de Felipe IV en 1621 llama al pintor a la corte, quién pronto se convertirá en el pintor del rey, ni más ni menos. Además lo hace en un ambiente increíblemente propicio, pues poco después se empezará a construir el palacio del Buen Retiro para cuya decoración pictórica Velázquez realizará numerosas obras.


Velázquez comenzará pintando en el estilo del momento, con contrastes, claroscuros y un gran realismo, como podemos ver en Vieja Friendo Huevos (1618) o La Adoración de los Reyes Magos (1619), pero pronto evolucionará con el propio barroco hacia más luminosidad y una paleta más colorida; El Triunfo de Baco, conocido como los borrachos (1629) muestra este momento del artista. Posteriormente viajaría a Italia, donde recibiría la luminosa influencia del estilo veneciano, a la que añadirá su increíble habilidad para pintar el realismo. A su regreso, Velázquez alcanzará su madurez, que se puede disfrutar en obras como La Fragua de Vulcano (1630) o La Rendición de Breda (1634), esta última encargada para el salón del reino del palacio del Buen Retiro.


Velázquez realizará un segundo viaje a Italia (1649-1651), donde pintaría el magnífico retrato de Inocencio X (1650), iniciando así el retrato psicológico. A su regreso, el pintor alcanzará la plenitud y ya escapará a cualquier corriente: ha creado su propio estilo, un estilo muy realista donde la pincelada se hace más suelta (anticipando el impresionismo) y donde le perspectiva no solo es geométrica sino espacial, ya que Velázquez pinta el espacio entre los objetos. Algunos autores dirán que Velázquez es capaz de pinar el aire, algo que podemos ver en las extraordinarias obras Las Meninas (1656) y Las Hilanderas (1657), realizadas poco antes de su muerte, en 1660.


El relevo lo tomará otro pintor sevillano que a partir de ese año alanza su período de plenitud; Bartolomé Esteban Murillo, tuvo la ocasión viajar a Madrid y conocer la obra de Velázquez, algo nada usual ya que sus cuadros, al tratarse del pintor del rey, estaban mayoritariamente expuestas en palacios y dependencias reales, fuera del alcance del público (lo que también explica su tardío reconocimiento internacional).


Murillo ya había demostrado un gran talento con su Sagrada Familia del Pajarito (1650), cuando empezaba a salir del tenebrismo, pero su principal obra se dará en Sevilla, donde recibirá numerosos encargos del arzobispo. La obra de Murillo fue enorme, con una extraordinaria producción de temática religiosa de la que destacamos El Buen Pastor (1660) la Inmaculada Concepción de El Escorial (1665) o la Inmaculada Concepción de Los Venerables (1674). Murillo lleva al Barroco a su plenitud, adelantándo además importantes aspectos de lo que será el estilo Rococó.


Los profundos cambios que se produjeron en el siglo XVI dieron lugar a un complejo mundo que se plasmó en el estilo pictórico que conocemos como Barroco. La Monarquía Hispánica, como potencia hegemónica del momento, adoptó el papel protagonista en la reforma de la iglesia romana, lo que tuvo su traducción en la brillantez del are de la época, muy especialmente en la pintura. Una pintura centrada en motivos religiosos que transmitían maravillosamente el triunfo y esplendor de la iglesia católica, aunque a la vez ocultaban el profundo declive de la sociedad española, un declive que en el siglo siguiente acabará con la dinastía de los Austrias y colocará al reino de España bajo el control de la Cristianísima monarquía francesa de Luis XIV.


En cualquier caso, la historia de la pintura universal vivirá un momento extraordinario durante el siglo XVII, y ese momento será liderado por la pintura española en su Siglo de Oro. Más tarde evolucionará al Rococó y después volverá a buscar el Clasicismo, para finalmente entablar una relación especial con la realidad que traerán el impresionismo, el cubismo y el arte abstracto. Nunca más se volverá a pintar como en el siglo XVII.


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Puedes ver los cuadros citados en esta galería:

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         30 AGOSTO 2020

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