Novelda Modernista II: el pueblo y la época.


El 19 de enero de 1866, la corporación municipal de Novelda acordó que todos los años se celebrase “una brillante y espléndida función en la iglesia con otros festejos en que el pueblo pueda hacer ostentación de su entusiasmo en el culto de Santa María Magdalena, para lo cual se formará desde luego una mayordomía (…)”. Este hecho, basado en la creencia de que la intercesión de la Santa había tenido un efecto milagroso en la erradicación de la epidemia de cólera del año anterior, dio inicio a las fiestas de julio que desde entonces y en su honor celebramos en Novelda. Aunque de momento son solo unos festejos más de los muchos que por entonces tienen lugar, la devoción por la Santa irá en aumento hasta que cincuenta años después, en 1915, Benedicto XV la proclamará patrona de Novelda. Este medio siglo que transcurre entre el inicio de los festejos y su proclamación como patrona, coinciden prácticamente con el período de la Restauración (1874-1923), un momento crítico en la historia de Novelda, cargado de hechos extraordinarios que transformarán la ciudad y sentarán las bases de la Novelda que hoy compartimos.


Para empezar solo dos años después, en 1868, la reina Isabel II era derrocada, por fin, tras un levantamiento de los generales Prim y Serrano. Al año siguiente, un gobierno provisional aglutinado en torno a Prim aprobaba una nueva constitución que mantenía la monarquía, pero cambiaba la dinastía para que no volviese Isabel de Borbón. El agraciado con tan insigne honor fue Amadeo de Saboya, quien desembarcaba en Cartagena el 30 de diciembre de 1870, precisamente, fíjate tú, el mismo que día que le pegaban tres tiros a su valedor el general Prim. Sin Prim, la coalición que orbitaba a su alrededor se desmoronó y aquello devino en un guirigay de tal envergadura que hasta Amadeo I sufrió un intento de asesinato en julio 1872, tras lo cual soltó eso de “¡no entiendo nada, esto es una jaula de locos!”. Así es que cuando en febrero de 1873 los republicanos, que habían ido ganando peso político, le comunicaron que estaba despedido, no se lo pensó dos veces; hizo las maletas y se refugió en la embajada italiana.


Acababa de nacer la I República Española, una nueva forma de gobierno que prometía el oro y el moro a las clases populares (elección del jefe de estado, soberanía popular, separación iglesia-estado, sufragio universal,…) pero que todavía tenía que pronunciarse sobre un pequeño matiz; ¿la república sería unitaria o federal? La discusión acabó en julio de 1873, cuando una alborotada asamblea constituyente proclamó la república federal. Ello supuso el fin del gobierno de Estanislao Figueras (unitarista) y la llegada al gobierno de Pi y Margall (federal), al que también se incorporó un tal Emilio Castelar, proveniente del ala moderada.


Ahora ya solo faltaba decidir cómo se implementaba eso del federalismo, para la cual se inició el proyecto de Constitución Federal. Pero los más radicales se cansaron de esperar, de tanta sesión y de tanta discusión. Abandonaron la asamblea y promovieron la creación de cantones y repúblicas: en poco tiempo habían nacido la República Social de Sevilla, el Cantón de Cartagena, el Cantón Valenciano, Alcoy se declaró independiente y un sinfín de ciudades, entre ellas Almansa y Jumilla, proclamaron sus respectivos cantones. Un caos, vamos. Para complicar aún más las cosas, el año anterior había estallado la tercera guerra carlista, donde los defensores del orden tradicional pretendían derrocar a los republicanos e instalar en el trono al pretendiente Carlos VII.


La Novelda de 1873 se verá totalmente perturbada por todos estos acontecimientos. La mejora de las comunicaciones hizo que la guerra carlista fuese, de todas las guerras carlistas, la que más se extendió por el territorio español, llegando hasta Novelda donde aparecieron partidas que fueron combatidas por la Guardia Civil (recién creada en 1844) y por los llamados Voluntarios de la Libertad. Francisco Mira y Navellón era por entonces el alcalde republicano de Novelda, quien contaba con compañías de Guías de la República para mantener el orden en la localidad.


¿Pero cómo era esa Novelda de 1873? Aquí los noveldenses estamos de suerte, pues contamos con el muy preciso y detallado plano que en 1854 dibujó Francisco Coello para su magna obra “Atlas de España y sus posesiones de Ultramar”. Francisco Coello fue un cartógrafo y militar español nacido en 1822. El Atlas de España es su obra cumbre, pero también es reconocido por ser miembro de la Real Academia de la Historia y principal impulsar de la Real Sociedad Geográfica en 1876. Gracias a su trabajo sabemos todo lo siguiente.

La carretera de Alicante, también llamado Camí d’Alacant, cruzaba el rio y seguía por lo que hoy es Sargento Navarro hasta llegar al carrer Sentenero. En esta intersección, en lo que hoy es un cruce de semáforos, aparecían las primeas casas, edificadas alrededor de lo que era el Portal d’Alacant. Una vez cruzado el portal no se podía seguir recto, pues todavía no estaba abierta la calle Travessia. Había que girar a la derecha, hasta la placeta que hay entre el carrer Empedrat y Sentenero, que todavía hoy se conserva, y por ahí se entraba a la plaza mayor. También se podía girar a la izquierda, bordeando las casas de la parte sur de la calle Sentenero y por ahí atravesar un gran huerto (lo que hoy es la zona de la cooperativa del campo) hasta llegar al Ravalet, el enramado de casas alrededor de la calle San Pedro, y atravesarlo para llegar a la plaza Mayor.


Después de atravesar la plaza Mayor, que tenía una forma más alargada y ovalada que la de ahora, hacia la oeste comenzaba el camino de San Roque, lo que hoy es Emilio Castelar, que también era la carretera de Murcia y Aspe. Por esa calle se salía del pueblo a la altura del carrer La Font, donde estaba el Portal Nuevo, o de San Roque, y se continuaba, ya en campo abierto, hasta el barrio de San Roque, donde ya existía la ermita, había un hospital y ya estaba formada la calle Mayor de San Roque (hoy Ruperto Chapí) y las calles cercanas, como la del Mesón.


Como se puede ver en el mapa, el núcleo urbano se extendía al norte del camino a San Roque y hasta lo que hoy es Daoiz y Velarde. Si tuviéramos que dividir el pueblo en cuatro cuadrantes, vemos que el centro estaría detrás de la iglesia, en la Replaçeta del Delme, donde se cruzarían los ejes divisionarios, que serían la calle Mayor y el Carril, con su continuación hacia la calle San José. Los más urbanizados serían los cuadrantes suroeste y noroeste de la ciudad; en el suroeste se ubicarían las casas más pudientes, donde también estaba la casa del Marqués de la Romana, mientras que al noreste estaría el barrio más populoso de la ciudad, el barrio de l’Illa. Los cuadrantes del este, por otro lado, estarían bastante menos edificados, ya que en ellos encontramos extensos huertos cerca del Portal de Valencia, de donde sale la carretera a Elda y a Valencia, y del portal d’Elx, de donde sale el camí d’Elx, lo que hoy es el camino de El Campet. Cerca del portal de Valencia se encontraba el Portal de los Molinos, de donde salía el camí de Monòver.


Finalmente, fuera de los límites medievales de la localidad había nacido el barrio de La Estación, desde que en 1858 se conectó Novelda a la vía ferroviaría Alicante-Madrid. También parece que existían dos alamedas; una que tras salir por el Porta de l’Alameda al final del Carril enlazaba con el Cementeri Vell, y otra que desde el final de Sentenero bajaba hacia la rambla del río Vinalopó.


En esta villa que acabamos de describir vivían más de ocho mil personas, y podemos decir que prácticamente vivían hacinadas, pues el crecimiento de población que Novelda experimentó desde el final de la guerra de Secesión (1714), cuando contaba con algo menos de 3.000 habitantes, hasta 1873 se produjo sin apenas ampliación del caso urbano, es decir con construcciones y reparcelaciones en su interior.


En esta Novelda ya existen algunas instituciones que durarán hasta nuestros días. Por ejemplo, ya existe la Junta d’Aigües, creada en los años 1820; Novelda ya pertenece a la provincia de Alicante, que se ha creado en 1834; también es cabeza de partido judicial desde 1836; y ya disfruta de la banda de música La Artística, que se creó en 1840; o el primer cuartel de la Guardia Civil, que se establece el mismo año de la creación del cuerpo, en 1844, y que al parecer estaba en la calle Jorge Juan, frente a la plaçeta de Sant Felip. Finalmente, en 1858 se han dado dos acontecimientos importantísimos; la construcción del Balneario de Salinetas y la llegada del ferrocarril.


Ya conocemos la villa que en los próximos cincuenta años se transformará profundamente y se convertirá en una Novelda más reconocible para nosotros. Una transformación que será protagonizada por nuestros tatarabuelos, quienes seguramente vieron cambiar muy profundamente su vida y el pueblo en el que vivían, trabajaban y se relacionaban. Quizás igual que ahora nos está pasando a nosotros.


Gente como Tomás Belda i López, quien en el momento en que agoniza la Primera República (1874) tiene 34 años y todavía no se ha casado (y probablemente tampoco esté comprometido con María Dolores Crespo Pastor, con quien se casará dos años después). O de Antonio Ribelles i Algarra, que por entonces cumple 39 años y ya tiene dos hijos con su esposa María Dolores Torregrosa i Martínez. Efectivamente, mis tatarabuelos.


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   ÚLTIMA MODIFICACIÓN

         30 AGOSTO 2020

OTOÑO 1224