Los almohades destrozan al ejército castellano en Alarcos

 

​ALARCOS, 19 julio 1195. El ejército castellano de Alfonso VIII ha sido derrotado por el califa almohade Yusuf Al-Mansur, cuya gran fuerza, con más de 30.000 soldados, había cruzado el estrecho en junio pasado con el objeto de detener las destructivas razzias castellanas contra Al-Ándalus. La victoria ha sido total, y ha supuesto la práctica destrucción del hasta ahora invencible ejército castellano y casi la muerte del rey Alfonso VIII, que consiguió escapar por muy poco del cerco almohade.

 

Ante las noticias de la llegada de los africanos, Alfonso VIII decidió presentar batalla en la ciudad en construcción de Alarcos, un núcleo de frontera establecido para impulsar la población de las tierras conquistados al sur del Tajo, pero cuyas defensas no estaban totalmente terminadas en el momento de la batalla. Ante los cristianos, el ejército almohade se desplegó sobre una colina frente a la ciudad. Parece ser que, gracias a las tácticas de despliegue almohades, consiguieron ocultar a los cristianos el tamaño de su fuerza . Así, contra todos pronóstico y desoyendo la opinión de sus consejeros, Alfonso VIII decidió lanzarse al ataque sin esperar la llegada de los refuerzos que les habían prometido Alfonso IX de León y Sancho VII de Navarra y que en ese momento se encontraban de camino hacia Alarcos, con lo que lo que su princial fuerza estaba constituida por la caballería pesada castellana más los caballeros de las órdenes de Calatrava, Santiago y Évora, las órdenes militares encomendadas en la defensa de la frontera.

 

Frente a él, el califa Al-Mansur se dejó aconsejar por el quady sevillano Abu Abdalà y desplegó una línea de voluntarios benimerines y de Al-Andalus al mando de su hermano Abu Yahya, visir de Sevilla, mientra que ocultaba en los flancos los veloces arqueros a caballo. El propio califa se reservó la dirección de la élite, compuesta por su Guardia Negra y las tribus hetetas.

 

Hasta tres cargas de caballería necesitó Diego López de Haro, señor de Vizcaya y alferez del reino de Castilla, para superar la primera línea de voluntarios e iniciar el ataque colina arriba, donde se había desplegado la guardia del califa. En este primer envite perdió la vida el visir Abú Yahya.  Pero entonces el califa ordenó el ataque de las numerosas tropas de reserva y éstas comenzaron a envolver a los cristianos. La situación se volvió desesperada para los castellanos, que veía como su principal fuerza, la caballería pesada, estaba siendo reducida a un montón de hombres y animales muertos: en esa carnicería perdieron la vida el maestre de la Orden de Santiago, Sancho Fernández de Lemús, y el de la de Évora, Gonçalo Viegas.

 

Don Diego Lopez de Haro todavía conseguiría organizar la retaguardia, defenderse en el inacabado castillo y proteger la huida de Alfonso VIII, quien visiblemente herido consiguió escapar del cerco almohade. Una vez cercada Alarcos, las tropas musulmanas iniciaron la toma de la ciudad, donde se produjo otra matanza de cristianos que alcanzó a grandes magnates, como los obispos de Ávila, Segovia y Sigüenza, y la captura de muchos otros, entre los que se encuentra el mismo Diego López de Haro. No se recuerda una catástrofe semejante para el ejército de Castilla.

 

También hemos sabido que, colaborando con el califa almohade, se encontraba Pedro Fernández de Castro, El Castellano, hijo de Fernando Rodríguez de Castro, el magnate de origen castellano que luchó contra los Pérez de Lara en la guerra civil castellana por el control del  rey cuando Alfonso VIII era un niño, que negoció con los almohades para Fernando II de León en 1165 y que más tarde abandonó al rey leonés para servir al califa almohade. Su hijo Pedro ha seguido colaborando con Yusuf II y ahora será el encargado de las negociaciones con Castilla, con lo que los Rodríguez de Castro vuelven a ser protagonistas de primer orden en la política peninsular. Para comenzar, los Castro también han convocado a Alfonso IX, rey de León e hijo de Fernando II:

 

Las consecuencias de la victoria almohade son, en estos momentos, incalculables. Si la destrucción del ejército castellano ha sido tan brutal como indican las primeras noticias, Al Mansur no encontraría resistencia al sur del Tajo y podía caer con toda facilidad contra Toledo y otros núcleos más allá, como Madrid, Segovia o Cuenca. Lo que si está claro es que la frontera musulmana ha subido desde Sierra Morena hasta el Tajo, y que la derrota del hasta ahora invencible ejército de Alfonso VIII será tenida muy en cuenta por el resto de reinos peninsulares, quienes llevan años manifestando su oposición a la hasta ahora imparable expansión castellana.

 

La Batalla de Alarcos es recreada cada año en el conjunto arqueológico de Alarcos, situado a 9 kilómetros de Ciudad Real. Se encarga de ello la Asociación de Recreación Histórica Batalla de Alarcos, quien suele contar con la ayuda de especialistas para divulgar los hechos que tuvieron lugar aquel 19 de julio de 1165.

 

 

 

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