¿Cuál ha sido la mejor dinastía del siglo XII?



Acabado el siglo XII, procede valorar cuál ha sido la casa familiar que merece el título "Dinastía del siglo XII". Puedes dejar tu opinión tanto aquí como en cualquiera de nuestras publicaciones o páginas de Facebook, Twiter o Instagram. Solo se puede votar una dinastía. En El Filferro hemos nominado ocho casas que os presentamos ordenadas según nuestro ranking:



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8. Casa Ayubí


La más joven de las casas nominadas ha visto como, en menos de treinta años, sus componentes han pasado de ser soldados kurdos al servicio del sultán de Siria, a convertirse ellos mismos en sultanes de Siria y Egipto. Además, su principal figura será mitificada como el conquistador de Jerusalén que restituyó la Ciudad Santa al Islam. Son los descendientes de Saladino.


Los ayubíes salieron al gran escenario mundial cuando el general kurdo Sirkuk llegó a El Cairo en 1169 atendiendo a la llamada de socorro del califa Fatimí de Egipto, que se encontraba bajo el ataque del ejército franco de Alarico. A Sirkuk le acompañaba su sobrino Saladino. Sirkuk murió pronto, pero Saladino fue nombrado consejero del sultán fatimí de El Cairo, y tras la muerte de éste se proclamó sultán de Egipto y devolvió las tierras de El Nilo a la obediencia del califa abassí de Bagdad. Posteriormente, Saladino inició una serie de conquistas que pusieron bajo su dominio Nubia, Arabia, Siria y Mesopotamia, y que tuvo su colofón final con la conquista de Palestina y la ciudad de Jerusalén. Pero Saladino dividió los territorios de su imperio entre sus hijos, los cuales, al finalizar el siglo, se encuentran enzarzados en luchas fratricidas de unos contra otros.



7. Casa Capeto


La dinastía Capeto sigue gobernando el reino de los francos doscientos años después de que Hugo Capeto se convirtiera en rey de Francia (987). Tras un siglo de enormes convulsiones, Felipe II Augusto, el actual monarca, ha empezado a utilizar el título de rey de Francia en lugar del de los francos, y parece avanzar con paso seguro en la centralización del reino, al tiempo que lucha con Juan Sin Tierra por los dominios ingleses.


De hecho, el siglo XII ha transcurrido para los Capetos dentro de esa misma tónica. Al respecto, lo más destacado para la dinastía fue el error cometido por Luis VII , padre de Felipe Augusto, de divorciarse de Leonor de Aquitania (1153), quien después se casaría con Enrique II de Inglaterra y se llevaría consigo su ducado. Los Capetos están llamados a ser una de las casas reales más importantes de Europa. Por ejemplo, el rey de España Felipe VI es descendiente por vía patrilineal de esta dinastía, de la que más tarde se separará la casa de Borbón.



6. Casa Staufen


A pesar de la temprana muerte de Enrique VI, los Staufen mantienen en su poder el trono de Sicilia, en la persona del niño Federico Roger, y aspiran a conseguir el de Alemania para Felipe de Suabia, (hijo y hermano de Enrique VI). Sin embargo, vuelven a enfrentarse a un levantamiento de los Welf y apenas controlan las ciudades del norte de Italia, con lo que Felipe deberá emplearse a fondo si quiere ser coronado rey de Alemania y emperador del Sacro Imperio.


Los Staufen accedieron al trono imperial en 1138, acabando con cien años de gobierno de la casa Salia. Con su primer representante, Conrado III, empezó la lucha a muerte con la casa Welf, de Sajonia (welfos comtra gibelinos). Conrado no pudo controlar Hungría y vio como Francia se alejaba de la influencia del imperio. Su sobrino, Federico I Barbarroja, mantuvo una lucha colosal contra el papado que acabó a favor de Roma en la Paz de Venecia (1177), pero todavía mantuvo cierto control sobre las ciudades lombardas. Federico I falleció cuando se disponía a iniciar la Tercera Cruzada, en 1190. Su hijo Enrique VI consiguió conquistar Sicilia y añadirla al Sacro Imperio, pero la Cuarta Cruzada, la que había declarado después de conquistar la isla, ha quedado en el aire tras su muerte en 1197.



5. Casa de Aragón - Barcelona.


Durante este siglo se ha producido la unión de las casas de Aragón y Barcelona, unión cuyo primer fruto ha sido Alfonso II de Aragón, hijo de Ramón Berenguer IV y Petronila de Aragón, hija de Ramiro II. Dicha unión ha sido muy beneficiosa para las dos partes; para Aragón porque solucionaba un problema de sucesión en un momento importante para la supervivencia de los reinos cristianos de la peninsula, y para los condes de Barcelona porque la unión colmaba su anhelo de convertirse en reyes.


Trescientos años después de que Wifredo el Velloso recibiera de Carlomagno el condado de Barcelona (878), sus descendientes han alcanzado la dignidad real desde el momento en que el hijo del conde Ramón Berenguer IV se convirtió en el rey Aflonso II de Aragón (1176). El mérito es todo de Ramón Berenger IV, quién tomó la extraordinaria de decisión de comprometerse con Petronila, hija del rey Ramiro II de Aragón, poco después de su nacimiento y de esperar los trece años necesarios para celebrar el matrimonio. Culminaba así la vieja aspiración de los condes de Barcelona de convertirse en reyes.


Por su parte, Aragón ha consumido gran parte del siglo intentando solventar el problema sucesorio que empezó cuando Alfonso I El Batallador murió sin hijos y dejando en el testamos que nombraba a Dios heredero de todos sus reinos y depositarias a las órdenes militares (1134). Ni la nobleza navarra ni la aragonesa aceptaron el testamento, y buscaron a un familiar para gobernar cada territorio. Los aragoneses le pidieron a Ramiro, hermano de Alfonso I que por entonces era obispo de Roda-Barbastro, que colgase los hábitos y aceptase convertirse en rey de Aragón, cosa que aceptó. Ramiro II se casó con Inés de Poitou en 1135, y en 1137 nacería Petronila, la única hija del matrimonio. La falta de sucesores masculinos mantenía candente el problema de la sucesión, hasta que fue resuelto concertando el matrimonio entre Petronila y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. Pero el acuerdo tenía unas cláusulas especiales: el título de reina sería para Petronila, no para Ramón Berenguer IV, pero podría heredarlo el hijo del matrimonio si lo hacía dentro de la casa de Aragón, lo que se conoce como matrimonio en casa.


La boda tuvo lugar en agosto de 1150, y en 1157 nacía el primer vástago, al que su madre llamaba Alfonso y su padre Ramón. En 1164, Petronila abdicaba de sus derechos como reina en su hijo, que tomó el nombre de Alfonso I, rey de Aragón y conde de Barcelona.



4. Casa de Borgoña


La casa borgoñona ha conseguido colocar ni más ni menos que a tres de sus miembros en el trono de otros tantos reinos hispánicos; Sancho I de Portugal, Fernando IX de León y Alfonso VIII de Castilla.


El gran salto de la casa de Borgoña se produjo a finales del siglo XI, cuando Alfonso VI se casó con Constanza, la hija del poderoso duque de Borgoña. Tras la conquista de Toledo, los castellanos fueron derrotados en Sagrajas, lo que provocó que Alfonso VI llamara a la cruzada para detener los ataques africanos, llamamiento que fue atendido por sus familiares borgoñones. Fue entonces cuando Alfonso VI concertó los matrimonios de su hija Urraca con Raimundo, el tercer hijo del duque de Borgoña, y del sobrino de éste Enrique con Teresa de León, hija bastarda de Alfonso VI.


Del matrimonio entre Urraca y Raimundo nacería Alfonso VII, emperador de Hispania, y con él la línea castellana que ha llegado a Fernando IX de León y Alfonso VIII de Castilla, nietos ambos del emperador. De ellos, Alfonso VIII es considerado el monarca más poderoso de la península, mientras que Alfonso IX consume sus recursos luchando para que su primo no absorba su reino.


Por su parte, Enrique de Borgoña y Teresa de León fueron nombrados condes de Portugal, y aprovecharon el turbulento matrimonio entre Urraca y Alfonso I de Aragón El Batallador, con quien aquella se casó tras la muerte de Raimundo de Borgoña, para declarar la independencia de Portugal (1112). Su hijo Alfonso I se declararía rey de Portugal en 1128, un título que solo fue aceptado por Alfonso VII tras la batalla de Valdevez, en 1144. Alfonso sería el continuador de la linea portuguesa de la casa de Borgoña, que en lo sucesivo pasará a llamarse Henriques.



3. Casa Plantegenet


Aunque Juan Sin Tierra no parece disponer del mismo talento político y militar que su hermano Ricardo Corazón de León ni su padre Enrique II, lo cierto es que Juan I de Inglaterra ha acabado el siglo reinando sobre el extenso imperio angevino que culminó su padre, y que incluye Inglaterra, Irlanda y los extensos territorios en el continente.


La casa dio su gran paso cuando el conde Godofredo V de Anjou contrajo matrimonio con Matilde, hija de Enrique I de Inglaterra en 1127. Tras la muerte de Enrique se produjo la lucha por el trono entre los hermanos Esteban y Matilde, un período que se conoce como la Anarquía Inglesa y que terminó en 1153, cuando ambas partes acordaron, en el Tratado de Wallingford, que el trono lo heredaría el hijo de Matilde, Enrique; el primer Plantagenet ascendía al trono. Enrique II ampliaría el Imperio Angevino (derivado de Anjou, de donde eran originarios) incorporando el ducado de Aquitania en 1154, por su boda con Leonor de Aquitania, y con la conquista de Irlanda en 1177, mientras que su hijo Ricardo Corazón de León fue un gran guerrero que destacó en la Tercera Cruzada, cuando conquistó la ciudad de Acre a las huestes de Saladino. Provenientes del condado de Anjou, fueron conocidos con el sobrenombre de Plantegenet porque Godofredo V solía usar una rama de retama o genista (genet en francés) como cimera de su casco.



2. Casa Almohade


En menos de cincuenta años, la casa de Al-Munim ha pasado de vivir en una pequeña comunidad rural en la cordillera del Gran Atlas a gobernar un imperio que va desde el Tajo al Sáhara y desde el Océano Atlántico a Libia. Además, su jefe actual, el califa ab-Nasir ha obtenido gran prestigio por derrotar a los cristianos castellanos en Alarcos, en 1195, además de conquistar Mallorca y pacificar definitivamente Túnez.


El movimiento almohade, que tuvo sus orígenes en Marrackech en 1120 cuando el religioso ibn Túmart fue expulsado de la ciudad, se convirtió en dinastía hereditaria cuando Abd al-Munim, su sucesor, decidió nombrar heredero a su hijo Yaqub Yusuf en 1154. La decisión provocó la rebelión de varias tribus descontentas, pero Al-Munim aplastó todos los levantamiento y prosiguió la conquista del Magreb a los almorávides y la defensa de la frontera norte en Al-Ándalus. En 1160, Al-Munim comenzó la sumisión definitiva de los almorávides de Al-Ándalus y de las taifas que les sucedieron, una campaña que terminó cuando en 1172 conquistó Murcia al Rey Lobo ibn-Mardanish. Los siguientes años transcurrieron en idas y venidas entre el Magreb y Al-Ándalus, con episodios tan importantes como la muerte de Yaqub Yusuf en el sitio de Santarem (1184) o la gran victoria de Alarcos (1195). En estos momentos, es posible que ab-Nasir esté al mando del ejército más potente del occidente del mundo conocido.



1. Casa de San Pedro


Durante el siglo XII, la lucha del papado por separar la iglesia del estado (léase imperio) ha experimento un giro definitivo en favor Roma. Hasta tal punto es así, que el papa actual, Inocencio III, está jugando un papel determinante en la elección del emperador que ha de suceder a Enrique VI, fallecido en 1197.


Las voces que se alzaron contra la deteriorada situación del clero alrededor del cambio de milenio, fueron recogidas por varios papas durante el siglo XI: hasta ese momento, el papa prácticamente era elegido por el emperador del Sacro Imperio, era habitual la venta de sacramentos a cambio de dinero (simonía) y no era extraño que los sacerdotes tuvieran relaciones sexuales con mujeres (nicolaísmo). Fue el papa Gregorio VII (1073-1085) quien recogió las críticas e impulsó la reforma de la iglesia, un movimiento que será conocido como Reforma Gregoriana. La reforma chocó directa y frontalmente contra los intereses del imperio y de los monarcas cristianos, quienes se apoyaban en los obispos para extender sus esferas de poder. El choque llegó a su punto álgido con la "Querella de la Investiduras", la polémica sobre a quién correspondía la elección de los obispos, si a los reyes o al papa. La victoria cayó a favor de Roma en el Concordato de Worms (1122), donde se acordó que sería el papa quien nombrase a los obispos. Pero la lucha de poder siguió, y llegó a su cumbre con el enfrentameinto entre Federico Barbarroja y el papa Alejandro III, una lucha que también ganó la iglesia cuando, con la ayuda de las milicias comunales lombardas, derrotó a las fuerzas imperiales en la batalla de Legnano (1176). La Paz de Venecia (1177, el mayor evento diplomático de la historia hasta entonces) selló la paz a favor del papado.






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   ÚLTIMA MODIFICACIÓN

         26 OCTUBRE 2020

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