El ejército católico saquea Constantinopla durante tres días



CONSTANTINOPLA, 12 abril 1204. El contingente cruzado, de casi 20.000 hombres, ha conseguido entrar en la capital del Imperio Bizantino tomando las murallas del Cuerno de Oro, mediante el uso de barcos venecianos como torres de asalto, y una vez dentro, los cruzados han obtenido permiso de sus superiores para saquear la ciudad durante tres días. Varias personas que se encontraban en Constantinopla en esos momentos han sido testigos de los terribles sucesos que tuvieron lugar. Nada más elocuente que sus palabras.


Nicetas Coniates, historiador bizantino: "Destrozaron las santas imágenes y arrojaron las sagradas reliquias de los mártires a lugares que me avergüenza mencionar, esparciendo por doquier el cuerpo y la sangre del Salvador [...] destruyeron el altar mayor y repartieron los trozos entre ellos [...] E introdujeron caballos y mulas a la iglesia para poder llevarse mejor los recipientes sagrados, el púlpito, las puertas y todo el mobiliario que encontraban (...) Una vulgar ramera fue entronizada en la silla del patriarca para lanzar insultos a Jesucristo y cantaba canciones obscenas y bailaba inmodestamente en el lugar sagrado [...] tampoco mostraron misericordia con las matronas virtuosas, las doncellas inocentes e incluso las vírgenes consagradas a Dios (...) el botín fue inmenso, como nunca se había visto tomar en una ciudad desde la cración del mundo (...) con una violencia que nunca habían conocido los bizantinos, ni siquiera entre los sarracenos"


Comerciante de Novgorod: "Destruyeron el púlpito sacerdotal adornado con plata y doce columnas argénteas (...). Arrebataron también la magnífica mesa engalanada y cuarenta cálices que estaban en el altar y candelabros de plata de los cuales había tal cantidad, que no podríamos enumerarlos (...)fue tanto todo lo que encontraron de oro y plata (...) que no podríamos enumerarlos. No digo tales cosas sólo con respecto a la iglesia de Santa Sofía porque también cometieron depredaciones en la iglesia de Santa María, en Blaquernas, (...) Saqueados todos los otros edificios y monasterios, tanto dentro como fuera de la ciudad, cuyo número y belleza nos sería imposible describir; despojaron a los monjes y religiosas matando a muchos de ellos"


Este gigantesco desastre comenzó a fraguarse hace dos años, cuando en 1202 el dux de Venecia, Enrico Dandolo, condicionó el transporte de los cruzados a Egipto a que éstos le ayudaran a conquistar Zara, una ciudad que había perdido en manos del rey húngaro Emerico. Era la primera vez que una cruzada atacaba una ciudad cristiana. Durante el sitio de dicha ciudad, en noviembre de 1202, el pretendiente Alejo Ángelo, familiar del derrocado Isaac II Ángelo (cegado y encerrado por su hermano Alejo), ofreció a los cruzados 200.000 marcos de plata y 10.000 soldados para la cruzada si le ayudaban a expulsar al usurpador.


La flota cruzada tomó la costa norte del Cuerno de Oro a mediados de julio de 1203, y el día 17 consiguieron entrar en la ciudad a través de una brecha en las murallas. Ante el peligro, el usurpador Alejo III Ángelo y sus nobles más allegados huyeron de la ciudad llevándose el tesoro imperial. A coninuación, Isaac II fue sacado de las mazmorras y fue declarado co-emperador junto con Alejo IV, el pretendiente que había contratado al ejército cruzado. Pero con el tesoro vacío, Alejo IV no pudo satisfacer sus compromisos, con lo que empezaron las violentas tensiones entre católicos y ortodoxos. En febrero de 1204, finalmente, estalló un motín que entronizó a Alejo V Ducas, mientras Alejo IV Ángelo era estrangulado y Isaac II moría poco después. El ejército católico ya tenía su excusa: durante marzo, los jefes cruzados debatieron qué hacer con la ciudad, y a finales de dicho mes acordaron atacarla y saquearla para resarcirse de los costes de la expedición. El resto y lo hemos leído más arriba: la mayor ciudad de Europa fue terriblemente saqueada.


El saqueo de Constantinopla produjo una brecha entre los cristianos de oriente y occidente que duraría siglos. El papa Inocencio III condenó profundamente los hechos de una cruzada que dejó de apoyar cuando se desvió de Egipto y acusó a la república de Venecia del terrible y avaricioso saqueo.


Ochocientos años después, el 4 de mayo de 2001, Juan Pablo II pedía perdón por los pecados y atrocidades cometidos por los católicos contra los ortodoxos ante monseñor Christodulos, patriarca de la iglesia Griega. Lo hacía en su visita a Atenas, el primer encuentro entre los patriarcas de ambas iglesias tras mil años de separación, desde que tuvo lugar el Cisma de 1054.

IMAGEN SUPERIOR: DETALLE DEL LIENZO "EL ASALTO A CONSTANTINOPLA", DE TINTORETTO (1580)

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