Felipe de Suabia es asesinado en vísperas de su coronación como emperador



BAMBERG, 21 junio de 1208. Otto de Wittelsbach, conde palatino de Baviera, ha asesinado hoy al rey de Alemania mientras era su huésped en el castillo de Bamberg. Felipe de Suabia, el pretendiente Staufen al trono imperial, había acudido a Bamberg para comunicar al conde que iba a romper el compromiso de matrimonio de éste con Gertrudis de Silesia, ya que había acordado su casamiento con un sobrino del papa Inocencio III dentro de las negociaciones para ser coronado emperador en Roma. Para Otto de Wittelsbach, quien era conocido por su carácter cruel e inestable, era la segunda vez que el rey de Alemania le retiraba un enlace, pues hizo lo mismo cuando le prometió la mano de su hija Beatriz para más tarde romper el compromiso. Otto de Wittelsbach consideró esta segunda humillación inaceptable, y acompañado de diez caballeros entró en los aposentos del rey y lo mató con su propia espada. El conde de Baviera se ha dado la fuga y en estos momentos se encuentra en paradero desconocido.


El asesinato llega en un momento crítico y supone una enorme convulsión dentro del panorama político del Sacro Imperio Germánico, cuyo trono estaba siendo disputado entre Felipe de Suabia, de la casa Staufen, y Otón de Brunswick, de la casa Welf, una guerra que Felipe tenía prácticamente ganada desde que había sido reconocido como rey de Alemania por los principales vasallos y coronado como tal en Aquisgrán el 6 e enero de 1205. Aunque Otón de Brunswick mantuvo su negativa a reconocer al Staufen, la conquista de Colonia por parte de éste (1207) prácticamente supuso el final de la guerra. De hecho, el papa Inocencio III, acérrimo enemigo de Felipe (y de cualquier Staufen), acabó asumiendo los hechos y había entablado negociaciones con Felipe para proceder a su coronación en Roma. En el marco de estas conversaciones es donde, primero, se acordó casar a la hija de Felipe, Beatriz, con su adversario Otón, y más tarde a Gertrudis de Silesia con un sobrino del papa, ambas previamente prometidas al cruel, y ahora asesino, Ottón de Wittelsbach.


La muerte de Felipe, por tanto, lo cambia todo. En el palacio de Letrán, a pesar de condenar el asesinato, es difícil ocultar la euforia. Inocencio III y su chambelán el cardenal Hugo, obispo de Ostia, han convocado una reunión de urgencia para analizar la nueva situación, donde la posición estratégica del papado ha mejorado espontánea y drásticamente. Efectivamente, en poco más de diez años, los que van desde la muerte de Enrique VI en 1197 hasta hoy, la Santa Sede ha pasado de estar rodeada por el emperador del Sacro Imperio a, ni más ni menos, controlar ambas posiciones; el sur, porque tras a la muerte de Enrique VI siguió la de su esposa Constanza, quien (algunos dicen que en venganza por la crueldad de su marido) encargó al papa la custodia y educación del heredero Federico Roger, niño-rey de Sicilia. Y ahora, con la muerte de Felipe de Suabia se ha desbaratado la pinza norte, pues con toda probabilidad el papado coronará a Otón de Brunswick emperador y le exigirá su apoyo en el resto de asuntos internacionales donde tiene intereses la Santa Sede (control de Sicilia, cruzada albigense, Imperio Latino de Constantinopla, etc.)


Pero el que no se lo puede creer es Otón de Brunswick, quien derrotado por Felipe de Suabia, abandonado por sus seguidores y encerrado en sus dominios de Sajonia, ha amanecido una mañana de junio como el futuro emperador del Sacro Imperio Románico Germánico. Es más que probable que Otón acepte sin resistencia las exigencia del papa Inocencio III, entre las cuales estarán, sin duda, la aceptación del dominio del papa, el respeto a las libertades de las ciudades lombardas y la renuncia a todos los derechos sobre el reino de Sicilia. Aunque las negociaciones acaban de empezar, ya se ha programado la coronación de Otón para el próximo mes de octubre. Lógicamente, todos tienen mucha prisa.


Por lo que respecta a Sicilia, el papa prepara una visita a su protegido, el joven Federico Roger, con la intención de negociar su coronación como rey de Sicilia el próximo diciembre, cuando el joven Staufen alcance la mayoría de edad a los 14 años. Si todo sale como está previsto, en poco más de seis meses Inocencio III se convertirá en el incontestable árbitro de toda la Cristiandad, con ascendencia directa sobre el Sacro Imperio, sus reinos vasallos Sicilia y Aragón, y aliado de Felipe II Augusto en Francia y de los monarcas hispanos en la península ibérica. Solo Juan I de Inglaterra (Juan Sin Tierra), claramente enfrentado a él y con sus dominios puestos en interdicto, quedaría fuera del alcance del largo brazo romano.

IMAGEN SUPERIOR: ILUSTRACIÓN DEL ASESINATO DE FELIPE DE SUABIA

EN UN MANUSCRITO MEDIEVAL, FUENTE WIKIPEDIA

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