Inocencio III concede la cruzada a Castilla. Tregua contra los cátaros

 

ROMA, 4 febrero 1212. El papa Inocencio III ha emitido hoy la bula por la cual concede a la guerra contra los almohades los privilegios de cruzada. Con esta decisión, Inociencio III iguala la importancia de la guerra en Hispania con la de Tierra Santa, considerándo a ambas distintos escenarios de una misma lucha con igual importancia. Terminan así las negociaciones que, en diversas fases, han tenido lugar entre la iglesia hispánica y Roma, y que han estado presididas por los intereses contrapuestos entre el deseo del sumo pontífice de controlar los designios de la cruzada hispánica y las aspiraciones castellanas de mantener la guerra dentro de su proyecto nacional de expansión de Castilla. En las negociaciones ha sido muy importante la participación del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Prada quien, para evitar otra derrota como la de Alarcos, ha procurado el máximo apoyo para su señor Alfonso VIII en la guerra contra los almohades.

 

Ya en 1210, el obispo de Palencia Téllez de Meneses estuvo en Roma con la misma petición y solicitando de Roma el envío de un legado papal. En aquella ocasión, Téllez de Meneses solo pudo obtener la amenaza de excomunión para cualquier rey que atacase a otro mientras éste se encontrase en guerra con los almohades, una bula emitida pensando en Alfonso IX de León, profundamente enemistado con Castilla. Posteriormente viajó a Roma el arzobispo de Toledo. Aunque en esta ocasión el tema principal era la obtención de la primacía de la diócesis de Toledo sobre las demás sedes metropolitanas de Hispania, algo discutido por Braga, Santiago de Compostela y especialmente Tarragona, y que el papa concedió a principios de 1211, también se trató el tema de la cruzada, que seguía estancado dada la preocupación de Inocencio III a la desunión de los reinos cristianos.

 

Finalmente, ha sido tras el desembarco del ejército almohade en Al-Ándalus cuando los acontecimientos se han acelerado; tras la muerte del infante Fernando en octubre, Jimenez de Rada partió hacia Roma y esta vez sí obtuvo la declaración de cruzada. Durante los próximos meses, el arzobispo de Toledo estará predicando la cruzada por Europa, al mismo tiempo que Alfonso VIII enviaba mensajeros a las principales cortes informando de la cruzada y solicitando la participación de los príncipes cristianos. Sin embargo, dada la conflictiva situación de la política europea, con Federio II de Sicilia en guerra con Otón IV y con toda la Cristiandad tomando bando por uno u otro candidato, la llamado solo ha obtenido eco entre los señores del sur de Francia, ya inmersos en la cruzada albigense contra los cátaros desde que en 1208 la proclamara el mismo Inocencio III.

 

Ello ha supuesto que la guerra contra los cátaros entrará en una especie de tregua, ya que los principales señores cruzados que participan en ella han decidido acudir a Hispania. El principal de ellos es el arzobispo de Narbona, pero también vendrán a Castilla los máximos dirigentes de la cruzada, como Simón de Monfort y Arnaldo Amalrico, los principales responsables de la brutal represión que sufren los cátaros cada vez que sus ciudades son conquistadas.

 

El lugar de la concentración de tropas será Toledo, y el día el domingo de Pentecostés, 20 de mayo.

 

IMAGEN SUPERIOR: ESTANDARTES DEL EJÉRCITO ALMOHADE,

DEL CÓMIC LAS NAVAS DE TOLOSA, DE JESÚS CANO DE LA IGLESIA

 

 

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