Ruta de la Seda, el músculo financiero del imperio mongol

 SAMARKANDA, verano 1222. Con la llegada a las orillas del mar Caspio, los mongoles controlan más de 5.000 kilómetros de la Ruta de la Seda, los que van desde su última conquista hasta Pekín. Pero al contrario de lo esperado, ello está suponiendo una mejora de la seguridad y de las comunicaciones de la ruta... y convirtiendo a Gengis Kahn en el soberano más rico del planeta.

 

Irremediablemente, la palabra mongol provoca un escalofrío al evocar imágenes de conquista, destrucción y asesinatos en masa, que es la manera usual con que las huestes de Gengis Kahn han ampliado su dominio desde Mongolia hasta contactar con el califato de Bagdad, incorporando los territorios que, hasta hace unas décadas, eran dominios del reino Tangut, de China, de los kara-kitai o del imperio Corasmio. Pero lo que ocurre después de las brutales conquistas es prácticamente lo contrario: a cambio del reconocimiento del dominio del kahn, los mongoles mantienen la seguridad en sus dominios y conceden una amplia libertad a sus súbditos,  especialmente religiosa y mercantil. Es lo que comienza a conocerse como Pax Mongola, en comparación con la Pax Romana que la Ciudad Eterna impuso en sus conquistas mil años atrás.

 

La clave es que los mongoles no muestran ningún reparo en absorber las prácticas de los pueblos conquistados que les son útiles para la administración de su enorme imperio. Prueba de ello son la puesta en marcha de una amplia y avanzada legislación (Yassa) y un sistema de postas (Yam) que cubre el extenso territorio que domina, dos instituciones que copiaron de China. La Yassa, que se traduce como “orden” o “decreto”, fue iniciada por Gengis Kahn para su aplicación en los heterogéneos pueblos que domina, y en ella se establecen preceptos que regulan la elección del emperador, eliminan los impuestos al clero, prohíben firmar la paz antes de la victoria total e imponen duras penas a ladrones y salteadores, además de conceder a la mujer avanzados derechos. Por su parte, el Yam es el sistema de correos que se fue desarrollando desde su creación por Gengis, proveyendo al imperio de una extensa red de comunicaciones que contenía fuertes para el descanso de correos y mercaderes, así como para mantener seguros los caminos. 

 

Como es fácil imaginar, la férrea aplicación de la Yassa y la mejora de las comunicaciones del Yam tienen un efecto positivo extraordinario sobre el comercio, y por tanto sobre los impuestos que los mercaderes pagan a los mongoles, y que estos cuidan minuciosamente. De hecho, el comercio tiene tanta importancia para Gengis Kahn, que la última guerra, la conquista del imperio Corasmio, tuvo su origen en disputas comerciales con el sah Mohammed II.

 

Los primeros beneficiados de esta situación han sido los comerciantes árabes, con quien los mongoles mantienen buenas relaciones a través del califa de Bagdad An-Nàsir. Así, la irrefrenable iniciativa comercial árabe está en el origen del incremento de bienes intercambiados entre China y Europa, un tránsito que tiene su núcleo principal en las ciudades de Oriente Medio, como Constantinopla, Antioquía, Tiro, Trebisonda, Damasco, Alepo, Palmira o Bagdad, que en estos momentos conforman la mayor área comercial del mundo. En segundo lugar, cómo no, empiezan a aparecer los intrépidos comerciantes venecianos, así como genoveses y pisanos, todos ellos con importantes colonias en Constantinopla.

 

A pesar de su nombre, la seda no era el principal producto que transitaba por este circuito, aunque sí uno de los más lujosos. En realidad, la Ruta de la Seda es la vía natural para unir el Océano Pacífico con el Mar Mediterráneo bordeando los desiertos y cordilleras del centro de Asia, con lo que su uso es antiquísimo. A través de ella han tenido lugar numerosas migraciones y se han producido incontables intercambios culturales y técnico-científicos. De hecho, fue cerca de Samarkanda donde los musulmanes derrotaron a los chinos y adquirieron las técnicas para elaborar el papel y la seda. Otro ejemplo es la llegada, a través de esta ruta, del naranjo y del limonero, dos especies de cítricos provenientes del sureste asiático que los árabes han llevado tan lejos como hasta Al-Andalús  a lo largo de los siglos IX y XI, respectivamente.

 

Aunque en la actualidad ya no es la principal vía de intercambio entre Occidente y Oriente Lejano, a finales del siglo XX China retomó el concepto de unir por tierra su economía con las europeas usando el mismo itinerario, lo que culminó en 1990 con la conexión de las redes kazaja y china en el Paso de Alataw, lo que permite enviar mercancías por vía terrestre de Pekín a Duseldorff.

 

 

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