Brutal ofensiva nobiliaria contra Blanca de Castilla tras muerte de Luis VIII de Francia




Reims, 29 de noviembre de 1226. La hostilidad con que buena parte de la nobleza francesa se opone a que Blanca de Castilla (38) sea regente de Francia ha quedado patente hoy durante la ceremonia de coronación de su hijo como Luis IX de Francia (12). La ausencia de los principales magnates en la nueva e imponente catedral de Reims, supone la escenificación del acoso que la regente de Francia lleva semanas sufriendo. A su favor, Blanca alega la claridad meridiana con que Luis VIII dictaminó, poco antes de morir, que su esposa fuera la regente de Francia y la encargada de educar a Luis IX (futuro San Luis).


Luis VIII murió de disentería el pasado 8 de noviembre en Auvernia, cuando regresaba de su triunfal conquista de Avignon en la campaña contra los cátaros. Tenía 39 años de edad. Fue entonces cuando, sintiendo que la muerte se acercaba, y conocedor de los peligros nobiliarios, mandó llamar a doce testigos para decretar que su esposa sería la regente de Francia. A pesar de ello, los nobles más importantes se han negado a aceptar este testamento y, galvanizados en torno a la figura de Felipe Capeto (26), Conde de Clermont y hermano del rey, han lanzado una brutal campaña de desprestigio contra Blanca, con el objetivo de conseguir su renuncia y nombrar al conde de Clermont regente de Francia. Figuras importantes de esta conspiración son, entre otros, el duque de Bretaña, Hugo de Lusignan (dicen que azuzado por su esposa Isabel de Angulema), el conde de Tolosa (enfrentado a Luis VIII en la cruzada cátara) o el propio Teobaldo duque de Champagna, a quien se creía cercano a la reina. Y, por supuesto, Enrique III de Inglaterra (19), el archienemigo del otro lado de El Canal, quien vió como Luis VIII lo expulsaba de Gascuña, la última posesión inglesa en el continente.


La ofensiva nobiliaria contra Blanca de Castilla se ha realizado en dos frentes: uno legal y otro propagandístico. En el ámbito legal, los conspiradores vienen haciendo profusa utilización de notarios y letrados pretendiendo que la cesión del reino a una extranjero, y además mujer, es algo contra la costumbre. Pero el peor está siendo el frente desinformativo; los nobles han hecho circular toda una batería de informaciones falsas, rumores mal intencionados y diatribas infundadas contra la reina que han calado en la analfabeta población francesa; ignominiosamente, Blanca de Castilla es acusada de saquear el tesoro del Louvre y enviarlo al sur de los Pirineos, de tener varios amantes, de ser una fanática religiosa, de confiar solo en allegados castellanos, de favorecer al clero, incluso de haber envenenado a su marido y de estar en cinta del legado pontificio Frangipani. Toda una retahíla de falsedades que podrían acabar con cualquiera, excepto con una reina castellana nieta de Leonor de Aquitania.


Porque, tal y como afirman fuentes del Louvre, si de algo no hay duda es de que Blanca de Castilla no se va a rendir, y que se defenderá con todas sus fuerzas del ataque nobiliario. De momento, ante el vacío de la nobleza, la reina ha buscado apoyo entre los magistrados de las principales ciudades francesas, el nuevo poder emergente, y les ha obligado a realizar un juramente especial de fidelidad ante ella y su hijo, una reacción que ha cogido desprevenidos a los conspiradores. Su imagen hoy en la catedral de Reims, sola, abandonada por los magnates del reino de Francia, no dejaba de tener una orgullosa aureola heroica.


En cualquier caso, la lucha no ha hecho más que empezar. Se esperan años de tensiones y enfrentamientos entre la reina castellana de Francia y la poderosa nobleza francesa.


IMAGEN SUPERIOR: BLANCA DE CASTILLA,

EL DIA DE SU CORONACIÓN COMO REINA DE FRANCIA



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